lunes, 26 de noviembre de 2018

“…Y MIRIAN SONRIÓ …”


Así terminaba el libro que yo, Mirian, había pensado escribir. Sin escribirlo ya tenía el final, tenía clarísimo que ella sonreía después de su dura lucha solitaria… y así ha sido… aunque como todos los finales también hay un punto y aparte y muchas cosas que no se ven.
Sí he decidido sonreír, sí he conseguido lograr determinadas metas que me había propuesto pero no solo sonrío, también lloro lo perdido, lo robado, el vacío que te deja tras una ardua batalla, y sí…sigo adelante con un de montón de proyectos por delante.
Supongo que la vida es eso aunque nadie me lo enseñó. Me he hecho a mí misma y aquí sigo, viva que no es poco. Supongo que muchos de vosotros o todos también convivís con vuestros demonios, con vuestras decepciones, con vuestras experiencias… tan solo soy una más.
Las últimas semanas han sido anormales para cualquier persona de a pie. Mi rostro se ha visto en todos los canales de España por haber sido una de tantas personas que en mi infancia sufrió abusos sexuales, en este caso por parte de mi padre, y mi voz y mis declaraciones se han escuchado por doquier. Ya estoy expuesta y he de confesaros que para mí era una obligación hacerlo. Necesitaba mostrarme sin miedo, sin culpa y sin más vergüenza.
En algunos momentos he sentido orgullo por lo hecho, porque mostrarse así ha sido todo menos fácil pero ya está hecho. Ya no tengo nada por lo que esconderme, nunca lo tuve pero no lo sabía. Lo hice, me destapé, me quité la venda de los ojos y la mordaza de mi boca. ¿El precio?. ¡Qué precio se puede pagar por una infancia robada, la propia vida!.
Pero eso ya acabó, no pretendo ser ejemplo de nadie ni de nada, y tan solo quiero seguir con mi vida. No voy a hacer de esto mi vida, no seré activista de nada, soy una más que venció a su monstruo aunque haya secuelas que quedarán toda la vida. Mi parte ya la hice.
Por el camino he aprendido mucho aunque también he perdido, mejor dicho, me han perdido. Se me han caído personas por el camino pero también han aparecido muchas otras por lo que me siento profundamente agradecida.
Me gustaría pensar que lo hecho ha servido para algo, quizás para alguien, porque tanta exposición me ha dejado sin fuerzas aunque en eso de recuperarlas tengo costumbre Tras cada caída en mi vida volví a levantarme y lo seguiré haciendo.
También me gustaría pensar que las administraciones, los que tienen la sartén por el mango, harán algo después del 19 Noviembre. Me duele pensar que el que sufrió esto y no tiene posibilidades económicas no pueda tener la opción de curarse, porque aquí en el País Vasco tan solo tenemos una asociación especializada en los abusos sexuales pero para poder acceder a ella hay que tener la cartera bien llena.
Pero he decidido no involucrarme más en esto, porque si no haría mi vida de ello y no es lo que deseo. Lo que sí deseo es lo que a continuación paso a relataros, mis cambios, mis planes…
Después de toda una vida de tomar terapia y formarme en diferentes disciplinas, en estos momentos me hallo cursando una formación en Coach. Con mi experiencia vital y todo lo aprendido en las deformaciones cerebrales que sufrimos los seres humanos, las desviaciones, las trampas que nos ponemos, los bloqueos y las resistencias que nos alejan de la vida que queremos, creo que esta formación me complementará en lo que es mi gran pasión y siempre lo fue: el crecimiento y desarrollo personal. Espero en unos meses daros buenas nuevas, aunque ya os avanzo que a partir de junio comenzaré una nueva andadura en este campo impartiendo algunas charlas y conferencias relacionadas con esto que os comento.
Tengo una hija preciosa a la que veo crecer cada día. Le debo como madre una vida digna y libre. Ya rompí la tradición que me ataba al silencio y al abuso en el que crecí durante mi infancia y al que seguía atada hasta hace poquito. Me empeño por mejorarme para ser la mejor madre que mi hija necesita y en esto no hay ningún pero. Se lo debo, me lo debo. No sé lo que es tener una madre que me ame incondicionalmente, pero de esa carencia nació un amor incondicional hacia la hija que tengo. Me siento honrada por la hermosa aventura de la maternidad y defenderé siempre a los niños que son violentados y maltratados de múltiples maneras por sus padres. No tengo otra forma de hacerlo que mejorándome cada día yo misma.
Es increíble la vida, de verdad que sí. Mientras escribo esto repaso mis últimos tiempos y los cambios vividos, pero hay algo que no cambia cuando regreso a casa. Por un instante siento el vacío que mi padre dejó dentro de mí y que mi madre agrandó al dejarme a expensas del monstruo. Ahora soy yo la responsable, aunque mi vacío duele. La niña que habita en mi interior empieza a confiar en mí aunque de vez en cuando me reclama su atención porque es ella y solo ella la que en algunas noches me despierta gritando con que no la abandone, no la deje sola y no vuelva a los brazos del depredador. Sé que tendré que vivir con ello toda mi vida, pero yo he ganado la partida, porque en esas noches difíciles la arropo, la cojo en brazos y la digo…tranquila mi niña, ya no estás sola.
Lo demás ya no importa, los demás…tampoco, los que me fallaron, los que me clavaron un puñal, los que me abandonaron, los que me mostraron rechazo, los que se alejaron por miedo, los que prefirieron el dinero a mi persona… ellos también tendrán sus pesadillas, pero eso ya no me importa. No le deseo mal a nadie, pero ya nadie más se aprovechará de mí porque ahora soy una persona adulta, mi niña interior está cuidada, mi hija tiene una madre que la ama… y a pesar de que este día ese vacío ha vuelto a llamar a mi puerta he ganado.
Brindo por la vida, brindo por los valientes y por todo lo que queda por vivir.

lunes, 29 de octubre de 2018

EL RAIL DE MI MEMORIA



Me he preguntado muchas veces por qué a pesar de tener consciencia sobre ciertas experiencias negativas vuelvo a repetirlas una y otra vez cediendo a las situaciones que las causan, sin alejarme de ellas, sin rechazarlas…
Carl Jung escribió “aquello que no se hace consciente se manifiesta en nuestra vida como destino”…Yo siento que hay algo más ya que creo que tengo consciencia en este sentido. Quiero ir más allá. Quiero desentrañar ese por qué de esas repeticiones y experiencias negativas en las que caigo repetidamente pese a que, cuando pienso en ellas, tengo consciencia de las mismas. Para ello estoy leyendo sobre Neurociencia y esto me está abriendo nuevas visiones para poder entender.
Cuando en la infancia sufres un shock grande o un trauma, cuando vives eventos extremos, se forman en algún lugar del cerebro recuerdos traumáticos perjudiciales para el organismo y esto conduce a tener trastornos cerebrales. Se da una desregulación del eje hipotalámico, hipofisario, adrenal… No soy ninguna entendida en la materia, pero esto me lleva a concluir que nuestro sistema biológico sufre, que hay ciertas regiones cerebrales que a partir de entonces trabajan de manera disfuncional. Como consecuencia de ello, el niño o el adulto que en la infancia ha sufrido un shock no funcionan de una manera “natural”, no de la misma forma que aquel que no ha sufrido un shock.
Dicho de una manera sencilla, creo que en nuestra corteza cerebral se genera como un rail de una vía del tren que hace que, aunque tengas consciencia, tiendas a repetir una y otra vez el mismo recorrido. Deberás estar muy atento y esforzarte para no entrar en él pues esto te llevará una y otra vez al mismo lugar, a las mismas experiencias, quedando atrapado sistemáticamente en aquello que no deseas, que tu consciencia rechaza.
Un acontecimiento de gran impacto acaecido en la infancia deja una gran huella, sobre todo debido a que el cerebro de un niño está formándose. El cerebro es el órgano del cuerpo menos estudiado o del que menos datos se tiene. En esto la neurociencia está avanzando mucho y dando esperanzas a las personas que han sufrido durante muchos años problemas mentales, ya que da esperanza gracias a la neuroplasticidad innata que poseemos y se sabe que con el tratamiento y esfuerzo adecuados se pueden eliminar los viejos carriles y crear nuevos en los que nos sintamos bien con nosotros mismos.
Es esencial tener consciencia de qué o cuáles son aquellos indicios que te llevan de cabeza a ese rail que en realidad no deseas o qué situaciones de las que vives te meten de manera inmediata a él al activarse algún circuito en el cerebro. Si, por ejemplo, no tomo vino, no accedo a estar con determinada persona, no como dulces, no me quedo tumbado en el sofá horas y horas, etc. es muy probable que no suceda lo que, realmente y en conciencia, no deseo que suceda.
Cuando haces terapia descubre un montón de cosas que te ayudan. Tienes herramientas que puedes utilizar pero hay que utilizarlas y esforzarse en hacerlo. Tienes que estar mucho más alerta que las personas sin este problema porque a la mínima ya estas dentro, ya has caído de nuevo.
A veces he pensado que podría funcionar de una manera igual a la de la mayoría olvidándome por un instante que lo que viví me llevó a una vida diferente de la de la mayoría. Por haberla vivido no puedo olvidar que de vez en cuando algo activa ese mecanismo y he de estar muy atenta para no volver a caer en ciertas situaciones que me llevan directamente al viejo rail de mi memoria.
Con terapia construí un carril nuevo que debo potenciar y repasar una y otra vez para no volver a repetir ciertos esquemas que están marcados a fuego en mi cerebro, en aquel que el trauma forjó. Cuando lo tienes claro sabes que hay un primer paso que te lleva de cabeza a ello. Es cuestión de no darlo aunque no siempre es fácil.
Tengo una obligación para conmigo misma. Ser consciente y actuar en consecuencia. Un principio de amor que hoy repaso con el corazón.

jueves, 4 de octubre de 2018

MUNDO DE ADULTOS, NIÑOS TRISTES


Soy una persona impulsiva, pasional y creo profundamente en ciertos valores que he ido adquiriendo a lo largo de mi vida. Debido a mi recorrido y a mis propias circunstancias he destacado por no seguir siempre la corriente y tener criterio propio. Esto me ha supuesto más de un quebradero de cabeza y con frecuencia he tenido que pagar un precio por esta forma de ser y de desenvolverme en la vida.
En muchas ocasiones me he cuestionado si debía de tragar o funcionar como los demás para poder estar dentro de sus grupos en vez de fuera, pero hay una gran fuerza dentro de mí que me lleva hacia lo que creo justo: seguir mi propio criterio que me sale del corazón y de mi consciencia. Sé que esto tiene un peaje pero el no hacerlo significaría traicionarme y faltarme al respeto.
Cuando tienes hijos, sin embargo, las cosas cambian ya que hay que encontrar el equilibrio entre lo que crees honesto y bueno y lo que consideras que es bueno para ellos. Ser consciente de esto te obliga a tomar caminos que por ti no tomarías pero lo haces porque hay un ser que depende de ti y que está en constante aprendizaje y deseas lo mejor para él.
He tenido que cambiar e ir modificando o adaptando mis propias creencias pensando en lo que es mejor para ella, para que sin ser demasiado diferente pueda vivir una infancia de amigos y juegos. Aun así, sigo conservando criterios propios que no siempre se ajustan a los de la mayoría de los adultos. Como a menudo digo, lo diferente asusta y se rechaza. Muchas veces me pregunto por qué.
Mi hija es feliz y está construyendo su propia vida con sus propios valores, pero en ocasiones se duele porque las diferencias de su madre con el resto de adultos le afectan a ella de una manera indirecta y eso no es justo.
Hoy me siento triste al ver la carita que se le ha quedado a mi hija cuando se ha enterado de que a todas sus amigas les han invitado a un cumple y a ella no. Ella nunca ha celebrado su cumpleaños en el colegio, lo celebra sólo con su familia. ¿Es esto motivo para que no le hayan invitado?.
Son los padres los que juegan a este juego, no los niños. Inconscientemente lo que no les gusta a los padres se traslada sin querer a los niños que no tienen nada que ver. Como no te quiero a ti (madre) no invito a tu hija al cumple de mi hijo aunque este estaría encantado de que tu hija viniera pues son amigos.
Cada cual tiene su propio criterio pero cuando el criterio es masivo ¿cómo se llama a eso? y ¿qué pasa con el que no lo ve de la misma manera? ¿su hijo tiene que pagar el mismo precio?
Me ocuparé de acoger a mi hija y explicarle en su manera de entender lo que a veces hacemos los mayores y por supuesto que en la vida hay momentos para la frustración. Le invitaré a sentirla y a sacar aquello que necesite soltar. Nombraré la verdad, validaré su emoción y estaré a su lado para lo que me necesite.
También hoy daré voz a esa tristeza que hay dentro de mí por las muchas veces que he sido rechazada por no seguir a la masa. Y después seguiré caminando por el camino de baldosas amarillas, orgullosa de mí pero siempre atenta y dispuesta a modificarme y transformarme.

lunes, 17 de septiembre de 2018

LA VERDAD QUE DUELE


Estos últimos días he tenido la ocasión de hablar con varios amigos de cómo se encuentran. Casi en cada conversación ha surgido el mismo tema: papá y mamá, la infancia, lo que entonces sucedió, lo que aún les supone en su vida actual. Hablar con estas personas me ha conmovido y a la vez removido. Ver el sufrimiento ajeno me traslada al propio sufrimiento que yo he vivido. Les entiendo tan bien...
Cuando sufres abuso y maltrato infantil llegas a adulto muy herido, muy dañado, roto y es muy difícil salir del círculo pero no imposible. Doy fe de ello, porque yo ya siento que he sanado, que me he curado. Por todos los poros de mi piel sale mi verdad, una verdad liberada y trasformada, la herida que habita en nosotros, la primaria, la que es difícil de comprender, la verdad que duele pero que te hace libre. Hoy soy capaz de ver la herida desde fuera, soy capaz de entender de dónde venimos y sé que hasta que la herida no es curada vivimos de prestado, sin paz, sin alegría y en una constante ansiedad.
Llegar a adulto y seguir idolatrando a papá y a mamá, fueran como fueran e hicieran lo que hicieran, es la gran mentira que nos mantiene atados y sin salida. El que hace eso sigue siendo un niño, ese niño sigue herido y reclama lo que nunca llegará. Sigue pensando que él fue el malo porque es imposible para él ver que sus papás le maltrataron y abusaron de él. Si lo hiciera tendría que enfrentarse a la terrible verdad de lo que pasó y revivir el dolor y el sufrimiento que eso implicó para ese ser tan frágil. Y no es fácil, nada fácil, quitarse la venda que impide ver la realidad pero es la única manera de sanar, de vivir… Para mí por lo menos así ha sido.
Me tengo por valiente pero en un momento del proceso en el que tenía que entrar a saco a revivir el dolor, a enfrentarme a mi verdad, me escapé aunque, afortunadamente, cinco meses después regresé. Habiendo vivido tanto abuso me acostumbré a mentirme sobre lo que pasaba para poder sobrevivir, estaba tan acostumbrada a contarme cuentos que crecí y seguí haciéndolo. Sentía que no valía la pena, que yo era culpable de todo lo que me pasó, que no merecía nada bueno de la vida… Sentía eso porque me enseñaron que ellos, papá y mamá, eran los buenos y que lo que hacían lo hacían por mi propio bien, invitándome a mentir, a ocultar, a no sentir lo que sentía,… sin una palabra.
¿Cómo sobrevive un niño a tal infancia? El único camino que escoge es el de soy “malo” porque no puede imaginarse, no quiere imaginarse, que sus papás no le quieren. A tan corta edad un niño no tiene raciocinio, pero su cuerpo ya está registrando la experiencia y todo el ser busca la forma de escapar al horror. Creyendo que sus padres no pueden equivocarse, el equivocado tiene que ser él. No hay, en este sentido, niño malo ni rebelde: Hay padres horribles que, muchas veces, tuvieron también padres horribles, y así para atrás, y que maltratan, abusan, hieren sin fin y destrozan vidas enteras.
Yo fui esa niña pero hoy soy una mujer tranquila, comprometida, luchadora y me siento en paz. Después de transitar un camino duro, de estar perdida, de casi ahogarme en un océano en el que no había más que una pequeña tabla, después de tanta confusión, después de dolerme y desgarrarme hasta romperme, después de reconocer el dolor de aquella niña que fui y llorarla meses enteros, después de una vida llena de rabia y de peleas, hoy soy otra. He pasado por el túnel y al final estaba la luz.
Necesito contarlo porque veo a algunos compañeros y amigos perdidos, enfrascados en la confusión. Conozco las estrategias que tiene la mente humana para escaparse, soy especialista en ello, y quiero decir que se puede salir de ahí, con coraje, con voluntad, con la ayuda de profesionales y con valentía. Se puede salir.
Esos papás y mamás de los que hablo no son las personas que tú crees. Son personas que quizás también sufran y estén heridas pero no han conseguido curarse. Ellos no pueden o no han querido hacer otra cosa. Deja de acusarte, deja de intentar que te den lo que tú necesitas. No vas a conseguir nada por ese camino. Ellos no van a cambiar ni nadie puede cambiar lo que ocurrió. Sin embargo hay alguien esperándote, está dentro de ti. Esa niña interior seguirá buscando hasta que al fin entiendas que la única que puede transformarse, cambiarse y amarse eres tú. Entonces desaparecerá esa soledad infinita que te hace ir en busca de personas equivocadas que hacen que una y otra vez repitas las viejas heridas y que te sigan tratando como una vez tus padres te trataron a ti.
La verdad que duele es la única forma de curar tu alma herida. La verdad es la única que puede sanarte. Sé valiente para enfrentarla y al fin podrás sentir esa luz que tanto ansías.
Ellos lo hicieron, nombro la verdad, pero ya no duele porque yo soy mi madre y mi padre, lo que legítimamente merezco y nadie más que yo puede hacer eso por mí.
Te quiero querida niña, amo tus heridas, eres inocente y merecedora de mi amor incondicional. Gracias a mi historia ahora sé quién soy y hacia dónde voy. Eternamente agradecida.

jueves, 6 de septiembre de 2018

SEPTIEMBRE, LA VUELTA AL COLE




Septiembre es un mes especial para mí. Es un mes de comienzos, de cambios, de apertura a experiencias nuevas. Este año, como años anteriores, vuelvo a sentir la ilusión por esos comienzos y cambios pero, además, también siento otras sensaciones como incertidumbre, inquietud… y percibo una especie de cosquilleo en el estómago. Sobre esto último quiero escribir hoy, de dónde viene, a qué se debe. Al escribir ordeno mi psique y me ayuda a sacar hacia afuera lo que me desasosiega.
Durante muchos años he sufrido una de las secuelas que adolecen las víctimas de estrés post traumático, el denominado suicidio social. Es una secuela que ya siento que está siendo superada. Consiste básicamente en retirarse del mundo social o en provocar dicha retirada haciendo que otros me echaran de su lado o no quisieran estar junto a mí. El carácter rebelde y fuerte facilita que esto se haya producido.
Como soy muy consciente de ello, hace tiempo que le presto toda mi atención a este hecho. Soy una persona meticulosa y me gusta mucho observar. Al haber sido una suicida tengo muchas horas de vuelo. En los últimos años esto ha cambiado dentro de mí, y por supuesto fuera también lo ha hecho, pero hay ámbitos sociales que aún hoy no acabo de comprender. De ahí proviene mi inquietud.
Necesito entender cómo es que hay grupos grandes de personas que se alían para hacerle el vacío a una persona, en este caso a mí. Cuando siento esta separación me involucro emocionalmente y esto me atora.
Todos los seres humanos funcionamos como seres gregarios incluidos en algún sistema familiar, sea del tipo que sea, y funcione este como funcione, porque a veces sucede de manera muy disfuncional. Necesitamos a los demás porque solos tendemos a extinguirnos.
Siendo una persona que en principio me he considerada “rara” durante muchos años, y al mismo tiempo habiendo sido considerada rara por los demás, he llegado a creer que todo ese aislamiento o rechazo era causado por mí. Pero desde hace algún tiempo he dejado de tener esta visión y habiendo aclarado mi historia y mi verdad las cosas han tornado de sentido aunque los demás sigan empeñados en lo suyo.
Te voy a poner un ejemplo de lo que te estoy hablando. Llegas a un sitio de nuevas donde el grupo ya está hecho. Sí o sí no tienes otro remedio cada día que ver a esas personas e interactuar con ellas, como sucede por ejemplo en el trabajo, cuando llevas al cole a tus hijos… De primeras todas las personas te dan la bienvenida pero el tiempo va pasando y empiezas a observar cosas extrañas: personas que dejan de hablar contigo, personas que se dan la vuelta cuando llegan otras personas, personas que te hacen el vacío,… Te sientes incómoda y como es algo que ya has vivido anteriormente y no te sientes muy fuerte empiezas a cuestionarte. De pronto, sin embargo, un día hablas con alguien del grupo, se abre, le cuentas cómo te sientes y te comparte que lo que yo siento es real, y que es así, porque esa persona también ve esos desprecios constantes, ella misma los ha sufrido en ocasiones y otras personas también. Pero esa persona es más fuerte y necesita menos por lo que hace la vista gorda y sigue como si nada con su vida.
Yo me pregunto una y otra vez cómo puede ser que esas personas me traten así. Durante meses he sufrido por ello porque no sabía manejarlo. Cedía mi poder en mí misma y me sentía frágil.
Cada cual ve la vida según sus experiencias pero siempre me ha asombrado la facilidad de muchos de juntarse con cuantos más mejor. Es algo que siempre me ha costado. Soy persona de a pocos y con pocos, aunque también esto lo he ido superando hasta el punto de poder estar en grupos grandes sin sentirme a un nivel inferior o desubicada.
Las personas de esos lugares, en grupo, son piña aunque por separado hablen de manera distinta. Parece que al juntarse se olvidan de lo individual. Ir o ver que alguien va contracorriente no le gusta a casi nadie. Cuando tienes criterio propio y este no se rige siempre por el de la mayoría la relación se complica porque lo diferente, desde el principio de los tiempos, siempre asustó al ser humano. Como muchas otras personas, yo no soy rara, lo sé a ciencia cierta, quizás especial y por sacarle un poco de risa al asunto un poco espacial, pero me gusta ser así. Me gustaría recuperar todo el poder cedido, y aunque soy consciente de que yo misma no elegiría a ciertas personas como amigas, tengo que relacionarme con otras personas y saber estar en todos los lugares sin que sus gentes me afecten a tal punto que me produzca esta inquietud.
Sé que es difícil desmarcarse. Creo que toda mi vida he vivido desmarcada y por ello he pagado un precio pero, sinceramente, me gustaría que la gente tuviera la habilidad de ser un poco individual y tener criterio propio. No digo que no lo tengan pero ante la posibilidad de ser excluidos del grupo se asustan y hacen lo que sea por pertenecer a él soterrando sus criterios personales.
Sigo esforzándome en mejorar. Este nuevo curso tiene especial interés para mí porque este año quiero superar esta asignatura que tengo pendiente. Deseo más que nunca ser yo misma, respetando a todos y sintiendo que los demás también lo hacen. Por ello voy a vivir esta nueva aventura con pasión, como sé vivir, pero con equilibrio y consciencia también. Mi deseo para este nuevo curso que comienza es lograr que no me afecte, que no me bloquee, si fulanita o el grupo de menganita me retiran el habla o no me quieren en su grupo. Deseo aprender y conseguir estar sosegada allí donde tenga que estar con mi cabeza alta sin sentirme menos ni más que nadie.
Septiembre, la vuelta al cole, está llena de incertidumbres y de experiencias nuevas por vivir. Te he contado mi deseo para el nuevo curso. ¿Cuál es el tuyo?

viernes, 10 de agosto de 2018

NUEVOS HORIZONTES


Estoy de acuerdo con la afirmación de que la vida es un hermoso regalo, pero también creo que para sentirlo así tienes que tener unos ojos abiertos a observar un esperanzador horizonte.
Como cada amanecer y cada anochecer al meterse el sol, cada día da paso a una nueva oportunidad. Al acostarnos pensamos y soñamos. Podemos hacerlo de muchas formas. Podemos soñar con el día venidero con la mirada enfocada hacia adelante o hacia atrás. Yo he decidido soñar y vivir con la mirada enfocada hacia adelante.
La vida se origina y se transmite en una cadena que avanza sin fin. Los padres dan vida a sus hijos, los hijos dan paso a los suyos y así generación tras generación. Padres, que han sido hijos, dan vida para que las nuevas generaciones vayan hacia sus sueños alzando su propio vuelo.
No siempre funciona así.  No todos los padres ofrecen ese legado a sus hijos. Existen padres que quieren que sus hijos se queden pegados a ellos o dificultan la apertura de alas pues son ellos los que quieren quedarse pegados invirtiendo el orden y el sentido natural de la vida. Frente a eso existe la posibilidad, como una decisión personal e intransferible, de dejar atrás lo que ya no te sirve y coger impulso para ir hacia adelante,
Tras muchos años de luchas y peleas, tanto internas como externas, estoy en ese momento de soltar. Sé que mi vida solo funcionará y fluirá cuando deje atrás mi pasado, todo aquello que sucedió, y me dirija hacia el sol con el corazón abierto. Una vez reconocida la propia historia, reconocerla y asumirla en toda su extensión, doy un pasito más… con toda la intención de soltar el reproche, sin ganas de revancha y sin juicio. Decido darme una nueva oportunidad y la comparto con mis sueños, el rumbo ha virado 180 grados. Ya no miro hacia atrás, esa parte de mi vida ya está aceptada, integrada y sé que gracias a ella volaré más alto.
Ya pasó, la vida tiene un nuevo sentido para mí. Aunque lo viejo ya no sirve y lo nuevo aún no ha llegado se divisa el horizonte lleno de posibilidades, las que únicamente yo puedo escoger. Con ilusión, confianza y esperanza.
Conocedora de historias duras y difíciles, consciente de ciertas limitaciones, no cejaré en el empeño de intentar mejorar, seguir caminando, agradecida por estar viva. Por delante un largo recorrido, elegido…
Los cimientos se han fraguado fuertes, los ladrillos han sido reforzados, tan solo queda seguir creciendo hacia adelante, con una mirada nueva hacia ese horizonte que está por llegar. En la mochila el libro de una vida llena de experiencias con refranes y moralejas, nuevos ojos, nuevas oportunidades y el deseo intenso de acoplar todo lo aprendido.
Cuando descubres y crees en tu verdad ya nadie te la puede arrebatar. El lienzo de mi vida está de nuevo en blanco y tengo nuevos colores para poderlo adornar.
Nuevos horizontes, alas curadas e ilusiones que volar como la cometa del niño que se alza hacia el cielo.
Buen viaje peregrinos, no dejéis de mirar hacia esa montaña donde el sol está a punto de salir. También volverá a ocultarse pero en cada nuevo amanecer podréis volver a renacer y a vivir con más libertad.

martes, 10 de julio de 2018

UN CORTO VIAJE EN AUTOBÚS

Si te dejas sorprender por la vida, la vida te sorprende… Es algo que en cierta manera había olvidado hace tiempo.
¿No has tenido momentos en tu vida en los que has sentido que la vida fluye, que es mágica y que en cualquier momento te puedes sorprender?
Hoy he cogido un autobús para regresar a casa y he tenido una buena conversación con una casi desconocida, y digo casi porque es una vecina con la que nunca antes había hablado pero me ha hecho recordar que en muchas ocasiones y en circunstancias que no imaginas surgen encuentros interesantes con personas interesantes de las que aprendes algo, o al menos son encuentros que te hacen reflexionar lo que tú misma vives y cómo lo haces.
De la manera más natural, dejándote sentir, dejándote ir, y atreviéndote a preguntar simplemente, en un momento dado: “disculpa, ¿te puedo preguntar algo personal?”.
Entonces te das cuenta de que la otra persona está tan necesitada como tú de compartir lo que le ocurre, que también tiene una historia y unas vivencias que en muchos momentos vive en soledad y que está deseando que alguien le pregunte.
Esto me lleva a otra reflexión acerca de lo solos que vivimos nuestro día a día en muchas ocasiones… Pero me estoy desviando… Ha sido un viaje en autobús a casa enriquecedor, sin móviles alrededor que nos obnubilan la vida, sólo dos personas conversando y de ello mucho en qué pensar, porque de una conversación con alguien que no conoces o que apenas has tratado puedes sacar cosas interesantes.
¿Qué he sacado yo de este viaje en autobús conversando?
Para empezar que es mucho más placentero conversar con alguien que ir como un zombi con el móvil en la mano, y que se nos escapa, pero le estamos dando un valor a las tecnologías que está haciendo que perdamos cosas muy importantes.
Que lo de uno a veces no es tan importante, que no es tan difícil, y que acompañando a otro en un momento dado te olvidas de lo tuyo, que sí, que soy importante pero no soy el centro del mundo y que todos tenemos vivencias duras, que la mía no es lo más de lo más.
Que hay que aprovechar más los días, que sí, que a veces tenemos un día malo, pero cuando tienes uno bueno hay que disfrutarlo al máximo.
Que es importante dejarme llevar y ser yo misma.
También he descubierto que el modo en que decido enfocar un asunto es el que dará uno u otro resultado. Tengo el poder de ver el lado positivo, incluso sacar lo bonito de algo que es aparentemente muy feo.
He llegado a casa agradecida de este encuentro, de haberme atrevido a preguntar algo personal porque ello me ha llevado a otros lugares.
Hoy es un día lluvioso, gris, pero en este momento me siento de otro color, porque hay muchos colores en la vida. Todo depende de mis ojos y mis ojos están vivos, están llenos de esperanza y cuando he dejado a mi vecina, también he visto un color diferente en sus ojos a los que tenía antes de verme.
Somos seres sociales, necesitamos comunicarnos, y estamos muy encerrados en lo conocido. La próxima vez que te montes en un autobús y tengas a alguien a tu lado quizás te atrevas a dejar tu móvil e iniciar una conversación. Te aseguro que me alegro de mi encuentro de hoy, de haberme soltado, de sentir ese otro color en mi vida.